A rastras llega el silencio hasta la cama

se desliza entre sábanas claras humedecidas por la noche,

penetra suavemente en el laberinto del oído hasta ensordecerlo.

 

El pensó que era la mar embravecida,

quizá el aire exhalado de sus pulmones,

tal vez, un rayo de luz que juguetea.

 

Un silencio tan estruendoso

tenía que venir de alguna parte

o partir hacia algún lugar.

 

Nunca supo cómo,

simplemente había llegado sigiloso,

para inyectar por sus colmillos huecos,

olvidadas letanías.